Dormitorios de película

Por Alfonso Sevilla, guionista

El cine siempre nos ha enseñado que el dormitorio es una estancia fundamental de la casa. Y no sólo para las cuestiones maritales más básicas, puesto que en muchas ocasiones es el lugar donde la pareja ríe, llora, discute, se reconcilia… En estos casos el dormitorio, lejos de ser un lugar apacible para descansar, se transforma temporalmente en un divertidísimo campo de batalla entre marido y mujer. La guerra de los sexos nos ha brindado brillantes comedias románticas como la sofisticada `La costilla de Adán´, en la que el inolvidable tándem compuesto por Katherine Hepburn y Spencer Tracy nos deleitaba con todo un recital de carantoñas y reproches hilarantes.

Y si el cine es una fábrica de sueños, el dormitorio no lo es menos. Entre las sábanas nace el romanticismo, las promesas, las ilusiones y los planes de futuro. El lugar donde el más duro se desnuda emocionalmente rebelando ser un romántico, y la chica aparentemente frágil se descubre como la más fuerte de la pareja.  Esto nos conmueve a pesar de que los amantes estén destinados al fracaso, tal y como ocurría en `Al final de la escapada´.

Ya saben. Mucho ojo con los aposentos, que por muy glamurosos que estos sean, pueden ser lugares muy peligrosos. Estancias donde criados y señores entretejen toda una red de mentiras y conspiraciones en la alta sociedad británica, como en la refinada `Gosford Park´, un claro precedente cinematográfico de la aclamada serie televisiva `Dowton Abbey´.

 

En el séptimo arte la alcoba también ha sido un símbolo de glamour y de poder. Dependiendo de cómo esté decorado, un dormitorio también sirve para expresar un alto status social. En una película tan cool como `María Antonieta´, la directora Sofía Coppola nos mostraba cómo esta estancia puede ser un bastión de modernidad y rebeldía para aislarse de un entorno aburrido e hipócrita, enfrentándose así a los cánones establecidos. Aunque ya se sabe que el precio que pagó María Antonieta fue muy alto, nadie le puede reprochar que no tuviera elegancia y estilo.

Recordemos que éste no es el único título de la directora neoyorkina en el que el dormitorio y la moda juegan un papel importante. Sofía Coppola ya nos advirtió en `Lost in Translation’ del peligro de las tendencias decorativas actuales. Éstas pueden ser elegantes pero también excesivamente funcionales y asépticas. Y si no que se lo pregunten al bueno de Bill Murray que se sentía como un prisionero incomunicado en el maremágnum de Tokio.

 

Si no quieren o no pueden permitirse tener un dormitorio tan chic como el de `Lost in Translation´ yo les recomiendo que al menos procuren que éste sea un lugar cálido y confortable. Dejen volar la imaginación y ¡que reine la magia!

Porque a pesar de que el cine nos ha mostrado que el dormitorio puede resultar en ocasiones un lugar complicado, por encima de todo,  es también el paraíso de los sueños y la ilusión. Como repetía Michael Caine  a sus niños huérfanos en `Las normas de la casa de la sidra´, justo al acabar la lectura nocturna: “Buenas noches Príncipes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra”.

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